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Periodontitis, un factor de riesgo para muchas enfermedades

Periodontitis, un factor de riesgo para muchas enfermedades

¿Sabías que si padeces periodontitis tienes más riesgo de tener enfermedades respiratorias? ¿O que estas pueden cursar con mayor gravedad?

Es un hecho probado y reconocido que la Porphyromonas gingivalis, bacteria responsable de la periodontitis, también puede ser un factor contradictorio que le abra las puertas a otras afecciones como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica, cáncer de páncreas y de mama o parto prematuro; a esta lista, ahora debemos sumarle la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, más conocida como EPOC.

¿Te preocupa el EPOC? ¡Cuida tu boca!

En animales infectados con la P. gingivalis, se observó que esta puede migrar e infectar los pulmones, provocando cambios en la microbiota y con potencial de desencadenar EPOC; en el caso de padecer la enfermedad previamente, la periodontitis la agravaba.

Dado que la EPOC es la sexta causa de muerte en el mundo y que la medicina convencional no tiene cura para ella, es mucho mejor enfocarse en prevenirla; puesto que la periodontitis es un factor de riesgo normalmente no asociado a esta enfermedad o a las otras que puede desencadenar o agravar, es importante concederle a la higiene dental una gran importancia.

La periodontitis y las enfermedades autoinmunes

También existe una creciente evidencia que sugiere una relación entre la periodontitis y las enfermedades autoinmunes; las enfermedades autoinmunes son un grupo de trastornos en los que el sistema inmunológico del cuerpo ataca por “error” a sus propios tejidos sanos.

Se ha demostrado que la periodontitis aumenta el riesgo de desarrollar las siguientes enfermedades autoinmunes: artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, enfermedad de Crohn, psoriasis y otras enfermedades autoinmunes. En el caso de la esclerosis múltiple, se ha demostrado que quienes padecen periodontitis tienen 250% más riesgo de desarrollar la enfermedad.

A su vez, las personas con enfermedades autoinmunes también tienen un mayor riesgo de desarrollar periodontitis; esto podría deberse a que las enfermedades autoinmunes, o sus tratamientos farmacológicos, pueden debilitar el sistema inmunológico, lo que dificulta que el cuerpo combata las infecciones bacterianas que causan la periodontitis.

La explicación perfectamente podría ser al revés, pero desde la mirada de la medicina natural, no nos interesa si es primero el huevo o la gallina, sino abordar la higiene y la nutrición del organismo de forma completa.

Prevención, prevención y prevención

Los naturópatas, enfatizamos en la importancia de la prevención desde muy temprana edad; uno de los puntos en los que personalmente insistiría en la disciplina doméstica, es en una muy buena higiene de la boca.

Dicho esto, a muchos les resultará sorprendente que los consejos naturopáticos no pasan por el uso de pastas dentales y colutorios repletos de flúor, colorantes, saborizantes o edulcorantes artificiales, sino por cuidados fisiológicos con recursos naturales libres de toxicidad y con efectos más profundos.

Por supuesto, no negamos la importancia que puede tener la intervención del odontólogo para una buena limpieza si llega a ser necesario, pero en la medida de lo posible, deberíamos cuidar la integridad de la boca con mucho esmero para que sus intervenciones no sean necesarias o se minimicen.

Terminemos con la cantinela del flúor

Para empezar, hay que evitar el flúor. Las autoridades sanitarias repiten una y otra vez acerca de la importancia de recurrir a este mineral para mantener una buena salud dental, cosa que no se ha probado jamás.

Lo que sí se ha probado es su efecto dañino para la salud. El exceso de flúor causa manchas blancas en los dientes, salivación excesiva, dolor de estómago y alteración del gusto; cuando ocurre una intoxicación, provoca vómitos, temblores e incluso crisis convulsivas; cuando se trata de una sobreexposición crónica, lo cual podemos agradecer a las autoridades sanitarias, pueden aparecer alteraciones del esmalte dental o “fluorosis dental”, osteoporosis, lesiones del sistema nervioso central, malformaciones congénitas, trastornos cardíacos, etcétera.

Esto ocurre porque el flúor compite con el calcio y puede ocupar su lugar; en estos casos, calcio y flúor se unen y forman un complejo insoluble -el fluoruro de calcio- que provoca un declive del calcio en la sangre; en este escenario, la masa ósea se enriquece con flúor, pierde su estructura mineral y se favorece las microfracturas, la escoliosis, la cifosis, la hiperlaxitud de los ligamentos y la degeneración acelerada del organismo.                      

Si esto no nos pareciera suficiente para evitar el flúor por todos los medios, su exceso también predispone a trastornos psíquicos de gravedad; un antecedente podemos apreciarlo durante el Tercer Reich, cuando Hitler añadía flúor al agua de los campos de concentración para volver a los prisioneros dóciles, sumisos y estériles; la misma razón por la cual se utiliza en los venenos para ratas y cucarachas, así como en algunos gases neurotóxicos como el gas sarín.

Una alternativa segura: bicarbonato de sodio

Una gran alternativa saludable y segura como opción a las pastas dentales enriquecidas con flúor y otros regalos de la industria de la enfermedad, es el bicarbonato de sodio; esta noble sustancia tiene propiedades antibacterianas y antiinflamatorias que pueden ser útiles para prevenir la Porphyromonas gingivalis y mantener una excelente higiene de la boca.

La Porphyromonas gingivalis prospera en un ambiente ácido y el bicarbonato de sodio neutraliza el pH de la boca, creando un ambiente menos favorable para la bacteria. También ayuda a eliminar la placa dental, la principal fuente de alimento para las bacterias; además, tiene propiedades antiinflamatorias que pueden ayudar a reducir la inflamación de las encías.

Para aprovecharlo, se recomienda cepillarse los dientes con una mezcla de bicarbonato de sodio y agua dos veces al día, preparar un enjuague bucal con bicarbonato de sodio después de cepillarse los dientes y hacer gárgaras con una solución de bicarbonato de sodio y agua una vez al día.

Otras medidas para cuidar la boca

Además de usar bicarbonato de sodio, hay otras medidas que se pueden tomar para prevenir la Porphyromonas gingivalis; entre ellas destacamos dejar de fumar, llevar una dieta saludable y controlar la diabetes; en este último caso, se puede recurrir a una guía precisa con la lectura del libro DETENÉ LA DIABETES, publicado por el sello Grijalbo.

El uso del hilo dental también es muy importante para una correcta higiene de la boca; en este aspecto, es muy importante evitar los hilos dentales tradicionales con alto contenido en teflón y, en su lugar, recurrir a los que sean elaborados con tejidos naturales.

Pablo de la Iglesia