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Los 9 hábitos de los enfermos de cáncer ‘incurable’ que terminaron por controlar la enfermedad

Los 9 hábitos de los enfermos de cáncer ‘incurable’ que terminaron por controlar la enfermedad

A partir de 2008, a la vez que investigaba la bioquímica del cáncer e iba descubriendo alternativas, registraba casos que iban conformando un panorama tan desolador en lo que se refiere a los tratamientos convencionales, como esperanzador en todo lo demás.

Aunque con mis limitados recursos no conseguía reunir un conjunto significativo de casos, comenzaba a vislumbrar un patrón que se repetía. Y, entonces, hace relativamente poco, cayó en mis manos, en inglés (no sé si está traducido al español), el libro Radical Remission: Surviving Cancer Against All Odds, de la doctora Kelly Turner.

La doctora sabía que existían abundantes informes de ‘remisiones espontáneas’, que maravillaban a los médicos. Y en un volumen lo suficientemente abundante como para resultar dignos de atención.

Y entonces decidió hacer lo mismo que yo intentaba: encontrar patrones de comportamiento; cambios en los estilos de vida que permitieran obtener un conjunto de reglas sistematizadas, imperfectas pero consistentes, que poder replicar.

Un científico recalcitrante dirá que esas reglas no están basadas en ciencia rigurosa (y tendría razón), pero ese mismo científico correrá a aplicarlas en cuanto él o un ser querido haya sido desahuciado por la medicina. Y como lo que se aconseja no son medidas absurdas y peligrosas como tirarse a un pozo o dispararse en un costado con un revólver, sino sólo hacer cambios beneficiosos para la salud, la solución está clara.

De Estados Unidos a Japón; de Reino Unido a Australia, la doctora Turner encontraba personas que compartían 9 particularidades muy significativas y que dibujaban un cuadro revelador: las remisiones estaban lejos de ser ‘espontáneas’, sino que detrás de ellas siempre había una investigación previa y la aplicación de un sistema basado en un porqué; detrás de ella siempre había un enfermo que poseía una alta inteligencia y una férrea voluntad.

Sin más preámbulo, las paso a listar:

1. Cambiaron radicalmente su dieta

Eliminaron todo rastro de comida industrial, harinas, azúcares y grano, y consumían alimentos orgánicos con abundantes verduras y vitaminas por doquier.

Muchas de esas personas no consumían carne ni productos lácteos, pero estoy seguro de que el resultado hubiera sido el mismo si hubieran consumido también carne, a condición de que hubiera sido ecológica, de animales alimentados con pasto y algunos productos lácteos como mantequilla (o mejor aún Ghee, que no tiene apenas lactosa y caseína) también procedente de animales criados en pasto.

2. Tomaban multitud de suplementos (y en ocasiones cócteles de fármacos off-label, de escasos efectos secundarios, usados para otras dolencias)

Otra de las claves. La dieta por si sola no bastaba, y los suplementos por si solos tampoco. Juntos ejercían acciones sinérgicas, y los suplementos solían pertenecer a estos grupos

3. Tomaron el control de la propia salud

Los pacientes que vencían a la enfermedad tomaban el control: asumían consciente y voluntariamente el cambio de vida y protagonizaban las acciones a emprender

Sé por experiencia propia lo difícil que es transmitir no sólo el conocimiento acumulado, sino la voluntad de aplicarlo de forma práctica. Es casi imposible que sean efectivas unas medidas que no se apliquen con convencimiento, de ahí que sean más frecuentes los casos de pacientes que salen adelante luego de ser ellos y no un familiar quien estudia y aplica.

No significa que no pueda ocurrir que un familiar provoque el cambio, pero será más difícil. Por eso, a veces, es necesario que el enfermo conozca la dura verdad. Puede llevarlo a la depresión, pero también a la acción, sobre todo si existe una alternativa razonable.

4. Siguieron su intuición

Es difícil de explicar pero sencillo de entender. La intuición como aliada de la inteligencia y del conocimiento puro, que nos alerta de si lo que hacemos es bueno o malo. Un aliado de la razón, no su némesis, como los cientifistas creen

5. Mejoraron su respuesta emocional y controlaron el estrés

Una teoría muy controvertida hablaba hace tiempo de ciertas características de personalidad comunes entre los pacientes de cáncer: personalidades tipo C que se caracterizaban por internalizar las emociones y ser poco capaces de mostrarlas; personas generalmente generosas y empáticas, a veces en exceso pero, pese a poder ser socialmente extrovertidas, poco capaces de ‘dejarse ir’.

No tengo ni idea de cuánto hay de verdad en ello, pero la relación científicamente establecida entre cuerpo y mente es sólida. No proclamo que esté seguro de la verdad de esa teoría, pero desde luego no la considero, en absoluto, descabellada, y no seré yo quien se sorprenda si algún día resulta ser cierta.

Jamás dejo deslizar una sonrisilla pretenciosa ante una supuesta idea estrafalaria. La experiencia previa y el conocer mínimamente la historia nos demuestra que ésta está repleta de personas que avanzaron por delante de su tiempo sumergidos en los improperios e insultos de sus contemporáneos, llenos de cerrazón y estrechez de miras.

Siempre intento considerar sin prejuicios lo que se me plantea y te aconsejo que tú también lo hagas.

Si queremos ser estrictamente ‘racionales’, se acumulan los estudios que relacionan los estados depresivos o los niveles crónicamente elevados de cortisol con la depresión del sistema inmune

Esto no va de decir ‘la solución está en ti’ , porque es tanto como decir que es el enfermo el responsable de su sanación, nada más lejos de mi intención

Las frases publicitarias que tratan a los enfermos como ‘guerreros’ y que ‘deben mantener una actitud positiva’ son estomagantes formas de quitarse el problema de encima y endosárselo al enfermo

Sólo digo que el aspecto emocional, aunque no tiene que ser la causa de una enfermedad, sí puede ayudar a mejora el pronóstico, si se aplica sinérgicamente con el resto de medidas; fármacos, ejercicio, alimentación, suplementación, etc

6. Potenciaron la resiliencia y la autoconfianza en las propias posibilidades

Esas emociones no implican comenzar a sonreír estúpidamente ante todo. No me gusta la ‘filosofía positiva’ que implica ausencia de reflexión y crítica. Es un buenrrollismo que me produce desprecio.

Prefiero el estoicismo, que proclama un control emocional que no tiene nada de estupidizante sino que fomenta el pensamiento crítico pero despojado de creencias malsanas y estructuras mentales negativas. Promueve una sabiduría implícita basada en conocimiento y control, pero sus efectos inducen emociones positivas, que es tanto como decir que alejan el miedo, la ira o la envidia

Quien haya leído la historia de ciertos centenarios que alcanzaron avanzada edad sin haber sufrido ninguna enfermedad, encontrarán rasgos comunes: alimentación frugal y saludable, trabajo duro y actividad física hasta avanzada edad, relaciones sociales y familiares satisfactorias y una especial forma de ser, que ‘fluye’, que no se preocupa en exceso por lo que no tiene remedio, que afronta el futuro con escepticismo y, a la vez, con  aceptación, que piensa sobremanera en el presente y que no se aferra al pasado. Un comportamiento tan sobrio y frugal como sus costumbres. Un estoicismo vital

Una forma de pensar que se puede potenciar mediante la meditación o mediante otras técnicas psicológicas

7. Abrazaron el apoyo social

Al hilo del punto anterior: el apoyo familiar y la calidez como base del control de la enfermedad: hay pruebas de que el sistema inmunitario se ve afectado positivamente por la certeza de sentirse querido o por un simple abrazo auténtico, cálido y prolongado.

8. Profundizaron en la conexión espiritual o mental

No importa si uno es religioso o ateo: este punto va más allá de la pura trascendencia espiritual. Puedo entender el concepto y respetarlo; quien no se sienta cómodo con ello puede pensar simplemente en términos mentales.

La introspección generosa, el autoconocimiento sin ahondar en sentimientos de culpabilidad, la paz mental, aportan un mejor balance hormonal, y esa relación está científicamente establecida.

No hablamos de cosas etéreas ni de poner velas perfumadas e invocar a los espíritus (o sí, si ello aporta paz), sino de conocernos y hallar la tranquilidad.

Todos los médicos saben del efecto placebo y que tiene poco que ver con la simple sugestión: no significa que uno crea que ha mejorado, sino que uno realmente mejora, y los análisis objetivos pueden constatarlo.

Un electroencefalograma a un monje budista meditando muestra un patrón de ondas cerebrales muy diferente al del común de los mortales, y seguramente también un paisaje endocrino e inmunológico mejorado.

La psiconeuroinmunoendocrinología no sólo es una palabra extraordinariamente larga, sino una cada vez más constatada realidad.

9. Tenían fuertes razones para vivir

Tal vez la más lógica y, a la vez, la menos obvia, pero una consecuencia de algunas de las demás: los lazos personales, la profesión que nos apasiona, los hijos a los que queremos ver crecer, los hermanos y los padres a los que no queremos abatir de dolor con nuestra pérdida.

Alfonso Fernández

El autor es responsable del sitio Web Cáncer Integral y autor del libro Diseño de dieta cetogénica contra el cáncer con 50 recetas: Más otras estrategias para mejorar la eficacia del tratamiento (Oncología Metabólica: la revolución terapéutica)

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