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Cultivando integridad interna

Los seres humanos tenemos el conocimiento y la razón como recursos que cultivamos con una dosis de esfuerzo y dedicación personal; la definición comúnmente aceptada nos dice que la integridad es evaluada desde este lugar en función de unos valores y creencias aprendidos y que socialmente se consideran los apropiados. Desde esta perspectiva hablamos de un recurso adaptativo muy valioso y necesario.

Entre otras cosas, la integridad define una cualidad humana que en su acepción frecuente alude a vivir con rectitud, honradez y bondad, aunque realmente podemos ir más profundo en la exploración de este territorio y construir un mapa que nos guíe en un trabajo de autoconocimiento y transformación mucho más potente.

Los seres humanos tenemos el conocimiento y la razón como recursos que cultivamos con una dosis de esfuerzo y dedicación personal; la definición comúnmente aceptada nos dice que la integridad es evaluada desde este lugar en función de unos valores y creencias aprendidos y que socialmente se consideran los apropiados. Desde esta perspectiva hablamos de un recurso adaptativo muy valioso y necesario.

Sin embargo, la vida no se confina a nuestro pequeño mundo de conocimientos y percepciones, sino que es mucho más amplia, más diversa, más flexible y con un propósito evolutivo cuyo entendimiento está fuera de nuestro alcance cuando solo recurrimos a nuestro conocimiento y a nuestros mejores esfuerzos por explicar todo con la razón.

Y en este punto es cuando la integridad, bajo el impulso de la Inteligencia Espiritual, puede ayudarnos a resolver dilemas que desde otra perspectiva pueden resultarnos contradictorios o paralizantes.

Integridad e inteligencia espiritual

Identificamos a la Inteligencia Espiritual como ese sentimiento profundo y anclado al presente que se hace oír con fuerza cuando apagamos los motores de la mente y dejamos de ensordecernos con el ruido de las creencias, los condicionamientos y la infinita cantidad de atributos con que hemos decorado nuestra identidad o personalidad.

¡Y justo ahí es cuando la integridad funciona en su modo más potente! Y esos diálogos dentro de nuestra pequeña mente, pasan a ser una experiencia resolutiva y asertiva que nos permite resolver de un modo único para una experiencia única.

Integridad con la visión más elevada

En una rígida escala de valores, por ejemplo, sabemos que decir la verdad está bien y mentir está mal… pero la realidad es que a veces ocurre lo contrario y si nos quedamos enredados en nuestros valores, creencias o condicionamientos rígidos, podemos perder la oportunidad de elegir por la acción correcta. ¿Comprendes la sutileza?

Intentaré explicarlo con una historia que alguna vez nos ha contado Ricardo Bravo, un querido amigo y maestro que hoy impulsa sus enseñanzas a través del sitio web www.vedicflower.es:

Dos amigos de toda la vida fueron reclutados para ir a la guerra.

La misma se desenvolvió de manera cruenta, su país salió derrotado y casi todos los soldados murieron; ellos atravesaron ilesos el desafío casi hasta el final…

Sin embargo, pocos días antes, uno de ellos murió.

Con inmenso dolor, a su amigo se le encomendó la dura tarea de ir a llevarle la triste noticia a sus progenitores.

El primer encuentro fue con el padre. Infinitamente afligido, le pidió un último favor:

Mi mujer está en su lecho de muerte y yo no tengo fuerzas para llevarle la noticia. ¿Podrías hacerlo por mí?

Efectivamente así lo hizo, y al acercarse, la madre de su amigo, prácticamente ciega y esperando su regreso para morir, le preguntó:

Hijo mío, ¿eres tú?

Él le tomó la mano suavemente, acarició su pelo, le dio un beso en la frente y le respondió:

Si madre, aquí estoy.

Y la mujer murió en paz.

¿Comprendes como la integridad puede ayudarnos a resolver escenarios para los cuales nuestras creencias, valores e identidad a veces resultan ser insuficientes?

Ajustes entre la integridad y la coherencia

Otra perspectiva podría indicarnos que la persona coherente difícilmente cambie de opinión, pues de esta manera la perdería; esto implica el riesgo de volverse una persona cerrada a las opiniones ajenas, incluso, hasta un un fanático.

Y realmente, lo que define la coherencia y la integridad en su expresión más elevada es el estar despierto a reconocer percepciones superadoras motivadas por el mayor bien desde la mejor versión de las personas; de otro modo, quedaríamos anclados en nuestro pequeño ego, convertido en un estanque que se agota rápidamente o cuyas aguas, al dejar de fluir, se pudren.

Ten presente que los valores, las creencias, tus mejores ideas, serán buenas brújulas para la mayoría de los viajes comunes. Sin embargo, en los viajes extraordinarios por caminos inexplorados que emprendemos los buscadores de visiones evolutivas, sí o sí debemos equiparnos con la guía precisa del corazón.

Pablo de la Iglesia