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por
Pablo de la Iglesia
Técnicamente,
según el Oxford English Dictionary, el pólen es la “substancia
granular o en polvo, producida o descargada por la antera de una flor,
que constituye el elemento masculino destinado a la fertilización de
los óvulos”; desde la perspectiva alimenticia, es una fuente
invalorable de nutrientes que fecundan la salud del ser humano.
El polen es un alimento tan complejo, que aún con la sofisticada
tecnología actual, resulta imposible analizarlo totalmente; a lo cual,
por ser una substancia natural, está sujeto a variaciones importantes
en su composición, lo cual depende de la época en que es analizado y
de la especie que lo produce. A mi criterio, esto es una gran ventaja,
pues permitimos que la naturaleza nos surta con su amplio abanico de
posibilidades, brindándonos una alimentación completa; en cualquier
caso, muchos investigadores han afirmado que el polen es una
substancia tan completa, que sólo agregándole fibra y agua podríamos
vivir exclusivamente de él y seguir adelante con perfecta salud.
Entre
las vitaminas destacan los carotenos (Pro Vitamina A), y las D, E, B,
K y Rutina (Vitamina P); los minerales que prevalecen son el sodio,
potasio, magnesio, calcio, aluminio, hierro, cobre, zinc, manganeso,
sílice, fósforo, cloro y azufre; finalmente, las enzimas descubiertas
en el polen son amilasa, catalasa, diaforasa, diastasa, pectasa,
fosfatasa, entre otras.
Las
múltiples aplicaciones terapéuticas y preventivas del polen no pueden
atribuirse a una única sustancia, sino a su compleja composición; las
investigaciones y testimonios sostienen que el polen es de utilidad en
infecciones de todo tipo, asma, alergias, prostatitis, reumatismos en
general, diabetes, aplicación en atletas, estrés, convalecencia, entre
otras.
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